miércoles, 16 de diciembre de 2009

Lo que creemos… Lo que queremos…Lo que deseamos…Lo que hacemos…

Como si de un guión se tratara, todo personaje empieza su historia en el momento que decide tomar las riendas de su vida. Antes de llegar hasta ese punto pasan minutos, horas, días, meses y años en los que reflexiona para descubrirse a si mismo. Una vez claro el rol que desempeña y con el afán de entender todo lo que le envuelve entra en contacto con algo mucho más complejo. Se dispone a comprender quienes son los que le rodean. Se plantea la duda, de si ellos, de quienes desconoce, llegan a plantearse las mismas preguntas que él mismo se hace. Al cruzar la mirada con cualquiera de ellos, siempre surge la pregunta ¿qué será de la vida de esa joven viajera?
Sin obtener respuesta, pero con la necesidad de saber más y más de aquellos que le hacen pensar, empieza a relacionarse y a saciar su curiosidad.
Una vez conscientes de sus dudas y que surgen ideas parecidas que empiezan a solucionar esas pequeñas incógnitas, el personaje se libera de esa incertidumbre de si será el único que piensa, siente y vive con las mismas ganas de comprender, qué es lo que sucede en su interior. Teniendo en cuenta las personalidades y los estados de ánimo de todos aquellos con los que interactúa, el personaje se percata que todo lo que atemoriza a un sujeto pierde su fuerza en el momento en el que deja de combatirlo. Por ello, este se libera con un simple acto concluyente, que lo liberar hasta el punto de llegar a entender que el problema y la duda la crea el ser humano, que es el único que se pone barreras a si mismo.

martes, 15 de diciembre de 2009

Soñar despierto

El mundo está lleno de personas solitarias que buscan encontrar algo que les haga entender el significado de su existencia, otros tan solo piensan vivir la vida tal cual les ha tocado, sin plantearse en ningún momento si es importante encontrar algo más de lo que ya tienen para dar sentido a sus días. Tanto unos como otros sonreímos por diferentes motivos. Unos por ser felices sin más y otros porque creen haber encontrado ese algo por el que merecen sonreír. A todos, sin excepción nos crecen inquietudes, que al fin y al cabo nos hacen pensar si somos capaces de mas o menos, o simplemente de algo. Por mucho que los sueños se rompan y que el daño tarde en sanar siempre acabamos comprobando que las cosas cambian y que por mucho que creamos que no, todos podemos volver a empezar. Tarde o temprano vuelven a surgir nuevos retos. No debemos ser infieles a nuestros pensamientos, ni a nuestros deseos. Tenemos que arriesgar sin miedo al fracaso, al que dirán y sin mirar atrás. Muchos corazones tienen miedo de ser dañados de nuevo y otros por desgracia jamás supieron lo que era tener miedo de fracasar. Tenemos que valorar los sentimientos pero nunca con el fin de privarnos de lo que deseamos lograr. Debe ser uno de nuestros retos, el luchar por lo deseado, aunque no se vea el final. Todos en algún momento soñamos con la idea de intentar rozar las estrellas con los dedos o llegar avistar el final del horizonte del mar. Yo pienso que basta con despertar, para intentar conseguir aquello en lo que crees y que te haga sentir lo gratificante que es soñar.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Necrológica

Creo que debe ser mi primera entrada, ya que ha sido uno de los motivos por los que he decidido volver a escribir para compartir.


Álvaro Postigo López, un joven libre, honesto y justo, en el sentido más profundo de todas las palabras.

“Gordito”, te nos fuiste temprano; sabes que es una expresión típica, que expresa muy bien este trago amargo por el que estamos pasando. Tu familia y tus muchos amigos y amigas sentimos que te nos fuiste temprano, casi sin despedirte, sin decir adiós. Tu voz, tu silencio y tu sonrisa llenan ahora nuestros largos minutos en los que pensamos y le damos vueltas a todo lo que hemos vivido contigo.

En nuestro caso, tenemos la suerte de poder recordarte como un compañero y como amigo, único y ejemplar. La primera vez que te vimos, nadie se podía imaginar el potencial que contenías. Una vez que te conocimos, fuimos conscientes de que tu grandeza no solo era física. Eras grande, gordinflón y una excelente persona. No había un mejor compañero que tú. Eras el mejor estudiante del curso y a la vez el más revoltoso. Siempre encontrabas el momento de hacer una gracia o simplemente de contagiarnos tu risa. Como si no fuese suficiente, un día descubrimos tus cualidades como músico. Con lo rudo que podías llegar a ser para otras cosas, nadie se podía creer que una persona con esos dedazos y esas manazas pudiera sacarle un sonido tan dulce a instrumento tan delicado como el violín. Tocabas con sentimiento y de una forma increíble. Desde aquel preciso instante y con el paso del tiempo, fuimos conscientes de que al terminar el colegio, tu decisión sería seguir ligado a ese difícil reto de vivir para la música. Con fuerza, entusiasmo y con la madurez que siempre demostraste, te adentraste en el mundo del flamenco.
Tu ambición y tu talento hicieron que todos presumiéramos de tener por amigo a uno de los mejores violinistas flamencos de málaga.

Una vez más, el destino sigue cumpliendo irremediablemente su camino. Hoy no podemos volver a reír contigo, ni podemos volver a soñar con tu sonido, solo nos queda conformarnos con lo mucho que nos dejas. Gracias a ti hemos aprendido que la vida hay que vivirla con libertad, sin miedos y con pasión.

Era un joven libre, antes que nada, libre y entregado a sus sueños, por eso el sol brilla hoy con más fuerza, la luz es más intensa y entre las estrellas de la noche el destacas entre las demás. Gracias infinitas por haber vivido.

Así era Álvaro grande por fuera y delicado por dentro.